Tu LinkedIn tiene menos seguidores que intermediarios tiene tu industria
Para Rosalaura López
Hola Rosalaura,
Llevo dos años escuchándolas. Llegué por Chisme Corporativo y me quedé por una razón que no tiene que ver con el chisme: ustedes resolvieron cómo contar el cuento distinto.
He visto la evolución —de los primeros episodios a la oratoria y la altura que tienes hoy— y me parece que esa sociedad con Maca es de las cosas más bonitas que hay en este momento en Latinoamérica: dos personas que son distintas y justo por eso encajan. Ella en lo creativo, tú en el negocio. Cada una haciendo lo que le gusta y nadie haciendo lo que odia.
Esta carta es porque te escuché en el podcast de Andrés Bilbao decir que necesitas LinkedIn y no te queda tiempo.
Te escribo porque no necesitas tiempo. Necesitas menos.
Primero, lo que ya sabes
En ese mismo episodio dijiste dos cosas que, juntas, son todo el diagnóstico:
- Que no haces LinkedIn porque no lo has priorizado.
- Y que toda tu audiencia está en LinkedIn — que ahí están las marcas directas, mientras que por Instagram solo te llegan agencias.
O sea: sabes dónde está tu gente y sabes que no estás yendo. No te falta conocimiento. Te falta un sistema que no te cueste tiempo.
Y eso es exactamente lo que yo hago.
La razón de negocio
Tú misma lo contaste: entre una marca y tú hay cinco o seis intermediarios. El manager, la agencia de influencer marketing, la productora, la agencia del cliente, el equipo de marketing del cliente. Al cliente le sale caro, a ti te sale incómodo, y el contenido sale peor porque lo diseñó alguien que no te conoce.
Por eso cambiaron el modelo: ahora ustedes diseñan el producto y salen a venderlo. Viva, L’Oréal.
LinkedIn es el canal donde ese modelo funciona sin intermediarios. Ahí no están los ejecutores de campaña: están los que deciden el presupuesto. Es el único lugar donde tu producto llega directo a quien lo compra.
Para ti LinkedIn no es visibilidad. Es margen.
Y tú piensas en márgenes — pasaste de 65% a 90%.
Tu perfil es una tienda
Me gusta pensar un perfil como una tienda en un centro comercial. La gente pasa por el pasillo, mira la vitrina y decide en dos segundos si entra. Si entra, mira el mostrador. Y si le gusta lo que ve, pregunta cómo comprar.
Tu tienda tiene producto de primer nivel y la vitrina vacía.
1. La vitrina: tu banner y tu titular
El banner es tu charla TED. Es la foto más potente que podrías tener ahí, y hoy es solo decoración: no dice qué es, no dice que es un TED, no hay una frase, no hay un logo. La gente ve “una mujer en un escenario” y sigue de largo.
Un banner tiene que hacer una de tres cosas: dar autoridad (logos, un número, un reconocimiento), decir una frase que sea solo tuya, o mostrar prueba social. Hoy no hace ninguna.
El titular dice “Entrepreneur, Content Creator & Podcaster”. Son tres sustantivos que describen lo que eres, no de qué eres la experta ni a quién le sirves. Y lo más grave: no menciona Chisme Corporativo. Tu activo más posicionado, el podcast de negocios número uno en México, no aparece en la línea que más gente lee.
Un titular tiene tres partes: qué ofreces, a quién, y en cuánto tiempo o con qué ventaja. El tuyo no tiene ninguna.
2. La puerta: tu sección Acerca de
No la veo. Un perfil sin “Acerca de” es una tienda sin puerta: la persona se interesó, llegó, y no hay por dónde entrar.
Y aquí va la parte que cambia cómo se escribe: el protagonista de esa sección no eres tú. Es quien lee. Tú eres el superpoder. La mayoría de los perfiles cuentan una trayectoria —Columbia, Uber, Pickup Coffee, Soulfoods— cuando lo que el lector está pensando es en su propio problema. Tu trayectoria es espectacular, pero sirve como prueba de que puedes resolver algo, no como el tema.
3. El mostrador: tus destacados
Tienes dos piezas, y una es buenísima: el post de que nunca negociaste tus primeros sueldos, con el link a tu producto. Ese sí trabaja.
Pero faltan las dos que más pesan:
- Tu TED no está ahí. Está de fondo de pantalla en vez de estar donde se puede abrir.
- Chisme Corporativo tampoco. El activo que te hizo conocida, y en tu propio mostrador no hay forma de escucharlo.
Un mostrador bien armado tiene tres cosas: algo gratis de mucho valor —que es lo que hace que te dejen el correo—, algo que se pueda comprar o agendar, y autoridad (el TED, el podcast, prensa, casos). Hoy tienes media.
4. Cómo te contactan
No hay por dónde. Si alguien de una marca llega a tu perfil convencido, su única opción es mandarte un mensaje y esperar — y tú misma dijiste que tardas un mes en contestar los DM.
Eso es una fuga directa de dinero: gente con presupuesto que llegó sola y se fue porque no supo cómo seguir. Un link de calendario, un correo, lo que tú prefieras — pero que exista.
5. Tu contenido ya funciona, y no lleva a ningún lado
El post de OpenAI y Microsoft tiene reacciones, comentarios y reposts. La gente te lee y te comparte. Pero ningún post termina diciendo qué hacer después, y el perfil al que llegan no tiene nada preparado para recibirlos.
Estás regando una planta que no tiene maceta.
Cuatro decisiones, en este orden
No necesitas una estrategia de contenido. Necesitas que tu perfil trabaje mientras duermes.
Primero, el titular. Una frase que diga de qué eres la experta y para quién, con Chisme adentro. Es el cambio con más impacto y el más barato: diez minutos.
Segundo, el banner. Que diga que ese escenario es un TED, o una frase tuya, o los logos de las marcas con las que han trabajado. Una sola de las tres.
Tercero, el mostrador. Tres destacados: el TED, Chisme, y algo gratis que capture correos. Ahí empieza a ser tuya la audiencia y no de la plataforma.
Cuarto, la puerta. Un “Acerca de” escrito desde el problema de quien lee, con una forma clara de contactarte al final.
Eso es todo. No es un proyecto: es una tarde. Y es compatible con no dejar de ir por tu hija al colegio.
Lo que tú ya enseñas, aplicado al marketing
En tu programa de productividad enseñas a hacer el 20% que da el 80%, y a decir que no a lo demás.
Eso que tú enseñas para la agenda es exactamente lo que yo hago con el marketing. Lo llamo Marketing Mínimo Viable, y lo trabajo con gente que es buenísima en lo suyo y no se nota afuera: lo mínimo que hay que hacer para que funcione, y permiso explícito para no hacer el resto.
Por qué te escribo esto
Porque admiro profundamente a las mujeres que están cambiando la historia haciendo justo lo que durante años nos dijeron que no se podía: un negocio hecho a su medida, con sus propios límites, sin pedirle permiso a nadie. Tú y Maca lo están haciendo y lo están haciendo en público, que es la parte difícil.
Y admiro el salto. Dejar algo que funcionaba y te vestía el currículum para irte a algo que todavía no tenía nombre, con toda la incertidumbre que eso trae. Lo incómodo casi siempre es lo que termina ganando — y tú eres la prueba de que hoy se puede vivir de lo que el mundo abrió, no solo del camino que nos enseñaron.
Y porque comparto tu forma de ver esto: que el contenido se hace con research de verdad, con estructura, con criterio — y no publicando por publicar. Eso es exactamente lo que yo defiendo con mis clientes.
Quiero aportar valor como tú lo haces. Si esto no salta a ninguna otra conversación, está perfecto: igual quedó escrito, igual te sirve.
Y si quieres que lo aterricemos, aquí estoy.
¿Tu perfil también es una tienda con la vitrina vacía?
Miramos juntos qué te está frenando y sales con el orden claro. Quince minutos.
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